jueves, 22 de junio de 2017

La maestra Elena - Cuento

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Cuento Corto Autor Raúl Rojas Voz del Narrador
La Maestra Elena - Cuento







Nadie decía nada por una sencilla razón: no había nada qué decir. Cada uno tenía solo dos lugares para mirar, la nada y el suelo. Cada uno poseía también un recuerdo propio y otro para poder compartir con alguien más.

Cuando Abigaíl se acercó a Leandro, a pesar de tener quince años sin haberse visto no le dijo nada, solo lo besó en la mejilla y después rodeó con sus brazos la cintura de él y recargó su cabeza en sus hombros dejando a sus sentidos avistar cada suspiro que estaba a punto de salir de su pecho. Jaime platicaba cordialmente con su archienemigo Bruno. Mayra, la chica más alegre que alguien pueda conocer, caminó hasta cruzarse en la mirada de Sergio y lo saludó a la distancia con una enorme sonrisa mediada por la mesura de su propio semblante.

Allí estaban todos y más; la mitad idénticos y el resto diferentes. Serios, tristes pero siempre con una sonrisa cálida de consuelo, unidos por lo que había logrado ese aciago suceso: Elena del Carmen Ballesteros Mora, su querida maestra de la infancia, yacía en el ataúd.

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© Raúl Rojas

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jueves, 1 de junio de 2017

Beso pertinaz - Poema

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Poesía Autor Raúl Rojas Voz del narrador Poema
Beso pertinaz - Poema







Anhelo mi nube personal
parásito de mis ojos
desierto en la boca
niebla del ego

emana problemas
infranqueable siempre, libera mis vicios.


Doy saltos por el pasto
en mi rostro el viento
ninguna marcas en las muñecas
tampoco en los tobillos

ruido multicolor en mis manos
oigo mis miedos, escucho los tuyos.


Beso pertinaz
al incienso
inherente a mi boca.

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© Raúl Rojas
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jueves, 25 de mayo de 2017

La calesita - Cuento

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Cuento Corto Autor Raúl Rojas Voz del Narrador
La  calesita - Cuento







Sin darle tantas vueltas, el juego favorito del pequeño Benjamín era la calesita color naranja que estaba en la Plazuela Conmemorativa Leiva Ibañez. Acudía ahí todos los días para jugar con los demás niños, no obstante, cada vez menos infantes visitaban esa parte de la plazuela; y había una buena razón para ello: decían que un niño muy travieso se apoderaba de dicha calesita naranja y no dejaba subir a nadie más.

Día tras día el pequeño Benjamín Leiva Ibañez daba vueltas en la calesita, él solo, encima del caballo percherón que le había quitado la vida, en 1939.

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© Raúl Rojas

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jueves, 18 de mayo de 2017

Ese bosque - Poema

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Poesía Autor Raúl Rojas Voz del narrador Poema
Ese bosque - Poema






El bosque me arropa con su fragancia
la bruma mantiene en secreto la vida
colores lo pintan con suma elegancia
se escucha su música extrovertida.

Conozco ese bosque desde mi infancia
siempre me ha dado la bienvenida
árboles, flores en sobre abundancia
han hecho mi vida más divertida.

Lo sigo mirando con cierta ignorancia
de cómo me cura y de cómo me cuida
de cómo me enseña sin arrogancia
de cómo me obsequia lo que le pida.

Todo en el bosque es una ganancia
lo hieres, perdona; lo amas, no olvida
abunda en el bosque una firme sustancia
que fuera de allí se encuentra extinguida.

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© Raúl Rojas
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jueves, 11 de mayo de 2017

Los tres cerdos (Los tres cerditos) - Cuentos Clásico

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Cuento Clásico Autor Raúl Rojas Voz del Narrador Caperucita Roja
Los tres cerdos (Los tres cerditos)


Versionando los clásicos: Los tres cerditos.


La vida había transcurrido casi por completo para Ernest Hopye; la había aprovechado bien y por eso se sentía satisfecho. Junto a Sussie su esposa había educado a sus tres hijos varones con buenos modales y otros valores apreciados por la gente. Además, les había dado sendas partes de su hacienda, lo que significaba que tenían su futuro económico asegurado. A Fred, el más pequeño, había heredado la parte norte de la hacienda; a Wallace la parte poniente; y a Ron, el mayor, el resto.

Cada uno de ellos utilizó su heredad de la manera que más convino a sus planes. Ron, parecía tener la mejor posición de todos, ya que en su propiedad abundaban los pozos de agua, además tenía varios cientos de cabezas de ganado. Wallace tenía en su latifundio cebada y trigo y algunas hectáreas con hortalizas. Fred, solo sacaba provecho de una finca grande que había convertido en una posada.

Cierto día, Sussie Hopye, enfermó de gravedad. Ningún médico pudo hacer nada por salvarla y murió


a los ochenta y ocho años de edad. Ernest quedó devastado. Nada lo consolaba. Comenzó a beber demasiado y a actuar como una bestia. Su vida se derrumbó por completo. Entonces se vio obligado por la necesidad a hacer lo que siempre se dijo que no haría: acudir a sus hijos. No concebía la idea de pedir a sus hijos algo de lo que él mismo les había regalado. Sin embargo, ahora dormía a la intemperie y andorreaba solitario por las calles. Tomó el tren rumbo a Tres Hermanos, la gran hacienda que había heredado en vida a sus hijos.

Primero acudió a Fred, el cual lo ignoró por completo. Ni siquiera lo recibió. Después fue a donde Wallace, pero éste le puso muchos pretextos. Tampoco quería recibir a su padre en su hogar. Ron era su última esperanza… Se encontró entonces con su hijo mayor:

—Ron, hijo, hace tanto tiempo que no te veo -dijo el anciano Ernest, mientras casi derramaba lágrimas-.
— ¡Padre! -exclamó con alegría-.
Se abrazaron en un cariñoso saludo prolongado.
—Padre, supe lo de mamá. Qué tristeza para todos, pero sé que ahora está en un lugar mejor, “lejos de todo sufrimiento” -citó palabras que su madre solía decir-.
—Tu madre siempre estuvo en un lugar mejor…
Ambos recordaron algunas cosas que solía decir y hacer Sussie.

—Y, padre ¿qué te ha traído por estos rumbos de la Hacienda? Dime.
—Me siento solo. Necesito un lugar para pasar los últimos días de mi vida.
—Siempre acudes con Fred primero ¿qué te dijo él? -cambió un poco su actitud-.
—Fred está muy ocupado, y Wallace tiene una familia perfecta en la que no cabe un padre vetusto.
—Padre… tú me educaste, tú me enseñaste. No puedo hacer nada distinto a ti. Puedes venir a vivir a mi casa, pero recuerda: es mi casa y son mis reglas -dijo citando ahora lo que solía decir Ernest en tiempos pasados-.


Aquel padre desolado, miró fijamente a los ojos de su primogénito, y con tristeza y un poco de decepción aceptó la oferta de su hijo. Se retiró a su nueva habitación con un plan en su cabeza, hacer lo mismo que Ron hizo cuando él le dijo esas palabras: irse de casa.



I N
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© Raúl Rojas


jueves, 4 de mayo de 2017

Lo prometido - Poema

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Poesía Autor Raúl Rojas Voz del narrador Poema
Lo prometido




En tus pupilas
me llevas escondido.
Es la manera en que vigilas
lo que nos hemos prometido.

En mi pecho
te llevo escondida.
Hagámoslo nuestro lecho
lo que nos resta de vida.

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© Raúl Rojas
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jueves, 27 de abril de 2017

Es la hora de pensarte - Poema

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Poesía Autor Raúl Rojas Voz del narrador Poema
Es la hora de pensarte

Pudiendo vivir las cosas más sencillas
busqué una musa que fuera de otra parte
del sur, de allá lejos, a muchas millas,
la que ha hecho de su sonrisa su estandarte.

Eres tú quien me tienes de rodillas
suplicando al tiempo que yo no te harte
pues cada vuelta que dan las manecillas,
es para mí, justo la hora de pensarte.
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© Raúl Rojas
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